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viernes, 26 de abril de 2013

La maldad en el ambiente

Según Rousseau, todos tenemos dos naturalezas: la primera es la humana, la segunda naturaleza es la cultura de la sociedad en que vivimos.

Esto me lleva a una pregunta ¿Somos malos o aprendemos a serlo?

Sin duda, hay gente que desde joven muestra un gran talento para el mal:

- Sabe actuar, es decir, fingir un comportamiento adecuado a las circunstancias. Es la definición de farsante.

- Miente con frialdad.

- Sabe manipular a los demás para sus fines.

Ya hemos comentado cómo ésas son algunas de las características de los psicópatas.El problema ocurre cuando estas características se generalizan.

Ciertas culturas penalizan extraordinariamente estos comportamientos. A mayor intensidad y confianza en las relaciones entre los miembros de una comunidad, menor tolerancia hacia la farsa, la mentira y la manipulación.

La necesidad obliga.

Mentir es considerado la esencia del mal en la cultura judeocristiana (aunque, curiosamente, mentir no es uno de los 7 pecados capitales, al menos según la definición de la Iglesia Católica).

Otras culturas, en cambio, los legitiman y hasta les dan una cierta cobertura legal. El resultado es, o suele ser, la prosperidad de los cobardes y los mentirosos. Los que mienten y engañan con más habilidad juegan con ventaja en una sociedad que no penaliza estos comportamientos. Como todos los tramposos.

Además, aunque las leyes sean justas ¿de qué sirven si luego, a la hora de aplicarlas, se hace de forma torticera y aviesa? ¿No es eso un engaño, en el fondo? ¿No es conducir a alguien a unas conclusiones erróneas, en este caso, en lo que se refiere a la justicia?

Por otro lado, todo Stalin tiene sus Lavrenti Beria a su servicio: grises, eficientes y cobardes funcionarios del terror. No dan la cara, sólo se amparan en el poder de turno, en los resquicios de la ley (cuando no en leyes hechas a su medida) para maniobrar a su sombra y conseguir sus fines.

La cobardía ¿es genética? ¿Favorece la selección natural a los más cobardes y mentirosos en aquellas sociedades en las que la mentira y la injusticia se toleran y se alimentan?



Somos acomodaticios. En el extremo de esta selección adversa, Ayn Rand dice:

"Cuando adviertas que para producir necesitas la autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada."










viernes, 19 de abril de 2013

La cobardía es una gran oportunidad para el mal

A la gente le gusta quejarse de la maldad y de los malos, quejarse de lo malos que son y decir como habría que hacer las cosas, cómo las harían ellos, pero:

"del dicho al hecho hay mucho trecho"

Dar la cara es arriesgarse a que se la rompan.

Significarse es arriesgarse a entrar en "listas negras" varias.

Decir lo que uno piensa de verdad en vez de lo que conviene es cerrarse puertas e incluso arriesgarse a una demanda judicial u otras cosas peores.

Por eso el mal encuentra en la cobardía de sus víctimas uno de sus principales aliados. Ya hemos dicho que el miedo es una de las herramientas del poder.




Antiguamente, quejarse y criticar al poder estaba prohibido. Hoy, ni siquiera hace falta prohibirlo.

Basta con la amenaza sutil, velada y no explicitada (perder el trabajo, el estátus social...etc.) para que muchos se lo piensen dos o tres veces antes de oponerse abiertamente a los abusos de poder.

La gente piensa: "tengo una familia que mantener, tengo una hipoteca que pagar, tengo un estatus que mantener, una carrera que cultivar, un negocio que desarrollar ...etc".

Esta mentalidad conservadora, en el fondo, es una gran debilidad: un chantajista sólo tiene que amenazar cualquiera de esas cosas para que la gente se pliegue a sus deseos.

Lo que no piensa mucha de esa gente es que igualmente podrá acabar perdiendo esas cosas, esta vez no por significarse, sino por los abusos de un poder que alimenta con su cobardía e inactividad.

Del absentismo y la abdicación de responsabilidades dice el autor del Cantar de Mio Cid. «Muchos males han venido por los reyes que se ausentan...» dijo Rodrigo Díaz de Vivar a Alfonso VI, cuando le propone conquistar Cuenca. Y el monarca le replica: «Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras».

El cobarde, cuando llega a un puesto de responsabilidad, que puede por ejemplo ser un cargo público, no se rodea de los mejores y los más aptos, ya que podrían suponer una competencia y cuestionar sus decisiones. Es cobarde, pero no es tonto. 

A la larga, esta falta de crítica sana, esta mediocridad rampante, supone un empobrecimiento de la organización, y en el caso de instituciones públicas, una merma de la propia democracia, ya que no hay democracia sin instituciones sanas y operantes que velen por sus principios.

La mediocridad de las instituciones y sus consecuencias suponen ya un coste insoportable en muchos lugares.

Pero de eso hablaremos en otro post más adelante.

domingo, 14 de abril de 2013

Cuando el mal viene rodeado de buenas intenciones

Dice el refranero español que:

"El infierno está empedrado con buenas intenciones"

Mucha gente hace cosas que tienen consecuencias horribles, y todo ello pensando que actúa con absoluto desinterés y abnegación.

Paradójicamente, el egoísmo individual puede resultar en un bien común (como describió el economista Adam Smith), y viceversa: un excesivo deseo de hacer el bien y sacrificarse por los demás puede crear infiernos en este mundo.

Defendiendo una sociedad ideal se pisotean los derechos de muchas minorías y colectivos marginados o marginales.

Es necesaria una visión sistémica global, de las consecuencias de nuestros actos. Todo lo que hacemos tiene consecuencias, y pequeñas cosas tienen a veces consecuencias insospechadas, de gran calado.

"El diablo está en los detalles"

 Otra cosa es cuando el mal se disfraza intencionadamente de bien ...


Disfrazarse es necesario para convencer a personas normales para que hagan cosas malas. Las intenciones aviesas necesitan un lavado de cara y una sesión de maquillaje. Goebbels se dio cuenta y enunció 11 principios para su propaganda:
  1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.
  2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.
  4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.
  6. Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
  7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
  9. Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  10. Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
  11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.
Sed demasiado dóciles y sin daros cuenta os convertiréis en monstruos. Los soldados nazis juzgados en Nuremberg decían que sólo obedecían órdenes: Otros lo hacían por un objetivo sublime y trascendente (racial, espiritual incluso...).

Recordemos que la mayor parte de la gente (afortunadamente) tiene una capacidad de socialización y empatía "normal" y es naturalmente reticente a hacer daño. Por eso el mal debe camuflarse de causa justa, de daño necesario, para apoderarse de la racionalidad y la emocionalidad de la gente normal y suprimir la conciencia y la empatía naturales.

Primero se cosifica a las personas, y luego tenemos vía libre para el abuso y la violencia contra ellas.

El cantante argentino León Gieco compuso en 1978 la canción "Sólo le pido a Dios". La interpretación de Mercedes Sosa es una de las más reconocidas. Una parte de la letra dice ...

...
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente.

...






lunes, 8 de abril de 2013

Sistemas de dominio y secuestro de la libertad

¿Los sociópatas mandan? ¿Son ellos los que organizan el mundo?

Es una pregunta inquietante. Me la hago muchas veces y, cuando lo pienso detenidamente, llego de forma ineludible a la conclusión que sí, que es así:

"Los sociópatas están al mando y organizan el mundo."

Mandar significa "disponer de los mandados", de sus vidas, sus opciones y en cierto modo, de su destino. Un general manda a su gente a una muerte casi segura. Un directivo pone objetivos de ventas a sus empleados: hay que "colocar" el producto sea a quien sea y cueste lo que cueste.

Cuando de sus decisiones, a veces erróneas (porque nadie es perfecto, ni siquiera los sociópatas), se derivan grandes males para mucha gente, los altos responsables suelen mostran una insensibilidad absoluta, una increíble serenidad, una distancia, un "esto no va conmigo" que irrita sobremanera a los afectados.  

"¿Cómo es posible que no se dén cuenta del mal que nos ha causado?", se preguntan incrédulos.

Y es que no se dan cuenta. No pueden darse cuenta porque, seguramente, muchos son sociópatas.

Carecer de empatía es, sin duda, una cualidad muy interesante para quien trepa por una pirámide organizativa (para lo cual con frecuencia es necesario pisotear a otros) y, una vez arriba, mantenerse allí manipulando y utilizando a los demás.





Las organizaciones muy jerarquizadas y orientadas a objetivos más que a personas son, ya lo hemos comentado, caldos de cultivo ideales para estos personajes.
 
En la carrera del poder, los "muertos" van quedando atrás. Por eso, la carrera no puede detenerse: Si para, esos "muertos" pueden revivir, cual zombies. Se impone la táctica de "tierra quemada".

Un buen manipulador sabe, además, hacerlo sin que sus víctimas se den cuenta. Con persuasión, encanto, atractivo, dinamismo, cierto misterio ... etc.

En definitiva: con una buena y convincente actuación teatral. 

Si hay que fingir la empatía, se finge.


Tengamos en cuenta que no se juzga el poder de alguien objetivamente, por lo que es, sino por lo que parece que es. Todo poderoso necesita, por tanto, de una liturgia adecuada para presentarse ante el público.

Las víctimas incluso agradecen contar con "su" confianza y se sienten honradas de tener con "él" (o "ella") una cierta intimidad.

Aunque sólo sea una apariencia de intimidad.

En este sentido, los jerarcas cuentan con la inestimable ayuda de la psicología: estudios psicológicos muestran que tendemos a creer que quien ocupa un puesto jerárquico es más inteligente, sabio y honesto cuanto más arriba esté en dicha jerarquía.

Éste es el verdadero significado de la palabra "aristocracia", que no es otro que "el poder de los mejores" (o los que parecen mejores).

Pero no siempre es así, por desgracia.

Decía Aristóteles que sólo hay tres formas de ejercer poder sobre los demás. De menor a mayor sofisticación, son:

- La capacidad de castigar o hacer daño: si no haces lo que digo, te pasarán cosas malas. Shakespeare advirtió en una célebre cita que:“excelente cosa es tener la fuerza de un gigante, pero usar de ella como un gigante es propio de tiranos”.

- La capacidad de premiar: si haces lo que te digo, te recompensaré.El palo y la zanahoria...

- La capacidad de manipular las creencias de los demás: donde entra la información asimétrica y el engaño, pero también formas más burdas de manipulación, que utilizan la autoestima (o su déficit) para provocar las conductas deseadas: frases como "alguien como tú debe hacer esto que digo", "si quieres ganarte mi respeto y mi aprecio harás esto que te digo", "si no haces esto que te digo serás un pelele, una persona indigna, un cobarde, un pusilánime", "lo correcto es esto que digo", "Dios quiere que hagas esto" ...etc.

Uno de los grandes mecanismos del poder es, sin duda, la división. Julio César dijo "divide y vencerás" y Maquiavelo apostilla en su libro "El Príncipe":

" ... el principe con vocación de permanecer, si no tuviere oposición, la fabricará él mismo, pues estando así sus súbditos ocupados en enfrentarse unos a otros, no pensarán en unirse contra él ..."

Dividir y vencer, y usar a terceros para inflingir daño. Pocas cosas han cambiado desde la época de Julio César.

Termino con algunas referencias:

Resumen de El Príncipe de Maquiavelo

Tierra quemada

Liderazgo real y virtual



domingo, 7 de abril de 2013

Formas de engañar

Como ya hemos comentado, el engaño consiste en llevar a otros a percepciones y conclusiones erróneas. 

"Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño. El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar." (Su Tzu)

El engaño es un arma extremadamente poderosa. Hay muchas formas de engañar, y las podemos clasificar en 5 grandes grupos:

- No decir la verdad, eludiéndola con cortinas de humo, maniobras de distracción (el famoso "y tú más"), chorros de tinta (como hacen los calamares), sembrar la confusión ...

- No decir toda la verdad, contando sólo una parte y ocultando deliberadamente otras partes fundamentales del relato, que harían cambiar completamente la percepción de los demás.

- Manipular las creencias de los demás, llevándolos a deducir o creer cosas que no son, basándose en sus propias convicciones internas. Por ejemplo, utilizar el sentimiento nacional como catalizador del odio a los extranjeros y la xenofobia, crear enemigos fictícios y atribuirles los males que nos acosan ...

- Insinuar las cosas sin decirlas, trabajando las apariencias, la puesta en escena, el lenguaje corporal, las indicaciones subliminales, la retórica. Un ejemplo son las preguntas trampa, que llevan implícitas afirmaciones: "¿Por qué roba usted de las arcas públicas?".

- Y, por último, mentir abiertamente, es decir, afirmar cosas que sabemos positivamente que son falsas.

En todos los casos, el objetivo es mantener la asimetría de la información. Información y conocimiento son poder y su control es una de las formas de ejercerlo.



Estamos diseñados para confiar en los demás. Las socidades humanas son complejas y, de pequeños, tenemos que asimilar gran cantidad de información en poco tiempo. Por eso, los niños pequeños son como esponjas: absorben todo de manera acrítica. El sentido crítico sólo empieza a desarrollarse en la pre-adolescencia.

Por eso el adoctrinamiento de los niños es tan eficaz. Y por eso también, las diferentes ideologías pelean entre ellas, hasta hacerse sangre, con tal de entrar en las escuelas. La historia se repite: cada año vienen al mundo nuevas generaciones cuyas mentes son "libros en blanco" y que, probablemente, están condenadas a caer en las mismas trampas y errores que sus mayores.

"Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla" (Nicolás Avellaneda)

Esta tendencia a confiar persiste de forma más o menos manifiesta en los adultos. Las personas con una sociabilidad normal tienden a confiar en los demás. De ahí que esa confianza pueda derivar en abusos de confianza con facilidad.

Las ideas pueden ser veraces o mentirosas.

¿Por qué algunas mentiras y falsedades se propagan con tanta eficacia?

La memética, una rama de la antropología lingüistica, considera a las ideas como "virus" que infectan los cerebros de las personas y los usan para propagarse.

Desde el punto de vista de la memética, las ideas tienen un cierta "vida propia", compiten entre ellas, mutan o cambian (como los seres vivos) y pueden permanecer latentes en libros y escritos durante años hasta que "alguien" las revive.

Según Richard Dawkins,  para que se dé un mecanismo evolutivo en las ideas, se requiere:

- Que haya una abundancia de elementos diferentes,

- Que exista herencia o replicación,

- Y que se dé idoneidad diferencial (es decir, que unos memes se repliquen con más eficacia que otros) y esto se traduzca en diferencias en el número de copias en función de su interacción con el medio.

Los memes o "elementos de replicación de ideas" exitosos se propagan con más eficacia, independientemente de su veracidad. Los memes más eficaces en su transmisión son:

- Sencillos de entender, para poder ser accesibles a la población en general

- Están imbricados con otros memes en forma de "corpus" o "ideologías" más o menos sofisticadas y se refuerzan así unos a otros.

- Hacen referencia a alguno de los grandes "temas" de interés humanos: supervivencia, peligro, sexo, muerte, origen, destino ...etc.

Más adelante, hablaremos de Goebbels y su propaganda.


Referencias:

Noam Chomsky

Memética


Memes

viernes, 5 de abril de 2013

El mal en las organizaciones

Ya hemos comentado cómo las personas sociables son capaces de mostrar empatía hacia otras personas y que esto crea vículos que cementan las relaciones sociales.

Hoy vamos a hablar de lo que ocurre cuando las personas se juntan en organizaciones: tribus, sociedades, partidos políticos, colegios profesionales, corporaciones, estados ... etc.

Las organizaciones no se comportan igual que las personas que las forman. Tendemos a humanizar o "antropomorfizar" a las organizaciones, y les atribuimos cualidades humanas que no tienen. Así decimos que "opinan", "piensan", "deciden", "acusan" o "se defienden" ... etc. siendo claramente abstracciones. Las organizaciones no actúan. Actúan sus miembros.

Más aún, si considerásemos a las organizaciones como "sujetos" o "personas" y analizásemos su comportamiento llegaríamos inevitablemente a la conclusión de que carecen absolutamente de empatía: son "psicópatas".



No sólo las responsabilidades individuales de sus miembros se diluyen en el grupo, sino que carecen absolutamente de memoria a medio y largo plazo y son, por tanto, incapaces de mantener relaciones estables de larga duración.

Sin embargo, algunas legislaciones, como la anglosajona (y, recientemente, la española), atribuyen a las personas jurídicas cada vez más cualidades de las personas físicas como, por ejemplo, la responsabilidad penal. Incluso pueden ser disueltas por decisión de un juez.

Esto sin duda facilita los procesos penales, pero diluye aún más la responsabilidad de sus miembros.

"Los peores comportamientos humanos suelen darse bajo el amparo de un grupo al que se pertenece y que tolera o incentiva esos comportamientos"

Solemos llamar a esto "corporativismo".

Un fenómeno común en las organizaciones disfuncionales, y que además se retroalimenta, es la selección adversa. Se establecen unos criterios de admisión y promoción interna que atraen a los menos indicados y repelen a los mejores o más aptos.

Por ejemplo, las organizaciones demasiado centradas en los objetivos y demasiado poco cuidadosas con las personas, suelen ser un imán para todo tipo de sociópatas, retroalimentando así el comportamiento que busca resultados por encima de todo. Los psicópatas prosperan en estas organizaciones que priman los resultados sobre las personas y huyen de los trabajos de cara al público o que requieran un mínimo de empatía, por razones obvias.

¿Nunca nos hemos preguntado cómo es que ciertas organizaciones son tan mediocres? Se han institucionalizado, se han fosilizado en el pasado. Tras el ímpetu y la ilusión iniciales, se establecen mecanismos perversos de selección de los menos aptos/más incapaces, que poco a poco van copando los puestos de decisión y responsabilidad, y "propagan" hacia abajo el clima enrarecido.

Los miembros mas críticos con lo establecido, con mayor iniciativa y voluntad de cambio, encuentran cada vez más motivos para irse, mientras los más conformistas y reaccionarios encuentran justo lo contrario: alicientes para prosperar dentro de la organización gracias a los huecos que dejan quienes se van. Surgen y se consolidan las camarillas y el reino de los mediocres.

No daré ejemplos concretos, pero lo vemos todos los días.

Con los miembros críticos se van también las posibilidades de evolucionar e innovar. En la cultura anglosajona (por extensión de la cultura "hacker"), suele clasificarse a los críticos en dos tipos:

- "White hats" o "sombreros blancos", que son personas que manifiestan abiertamente las críticas a través de los mecanismos reglamentarios.

- "Black hats" o "sombreros negros", que manifiestan las críticas desde fuera de la organización, sembrando la sospecha y el rumor malintencionado.

En resumen, son la crítica constructiva y la destructiva. Una ley empírica dice que:

"Cada sombrero blanco silenciado se convierte en uno o varios sombreros negros"

¿Saben esto quienes ocupan puestos de responsabilidad? ¿Prefieren los sombreros blancos o los negros?

Acabo con algunas referencias:

La personalidad psicópata en la empresa

S&P y la vicepresidenta

Nunca se adula demasiado a un jefe

Profesiones y oficios donde los psicópatas llegan a lo más alto

jueves, 4 de abril de 2013

El lenguaje del mal

No nos damos cuenta de la importancia que tiene el lenguaje en nuestras vidas. Casi todo lo que sabemos sobre nosotros, sobre los demás, sobre el mundo en que vivimos y sobre cómo hemos llegado hasta aquí o nos lo han contado, o lo hemos leído.

El lenguaje es una representación, una metáfora de la realidad. Resulta muy difícil pensar en cosas que no se puedan expresar con palabras. Si algo "existe" para nosotros, tenemos que inventar rápidamente una palabra para designarlo.

En su novela 1984, Orwell describe la creacion del "neolenguaje", un lenguaje artificial, diseñado expresamente para que sus hablantes no pudiesen pensar ni expresar cosas peligrosas para la sociedad (identificada con el Partido, en la novela). Lo que no se puede expresar, no se puede pensar, y una de las armas de engaño más potentes es dirigir el pensamiento de las personas controlando el lenguaje que usan.

Desde hace unos años, asistimos a la eclosión de lo "políticamente correcto". En un intento, quizá bienintencionado, de mejorar la convivencia (en un post más adelante hablaremos de cómo las buenas intenciones pueden acabar construyendo verdaderos infiernos) o evitar el malestar o la ofensa, los medios de comunicación pasaron a usar expresiones bastante artificiales como "paciente con sobrepeso" (para decir obeso o gordo), "deceso" (para decir muerte), "deficiente" (para decir persona con minusvalía o incapacidad) ... etc.

Nada que objetar. Si el lenguaje puede hacer que nos llevemos mejor y evitar conflictos innecesarios, estupendo.

El problema es cuando el lenguaje políticamente correcto busca deliberadamente engañar, distorsionar la realidad, dirigir el pensamiento del interlocutor y hacer que llegue a conclusiones erróneas.

Construir una realidad paralela, virtual y engañosa.



Así, se habla de "ataque preventivo" para justificar una agresión unilateral, "fuego amigo" para hablar de errores que causan muertes en el bando propio, "daño colateral" para hablar de civiles heridos o muertos, "terrorismo" para referirse indiscriminadamente a cualquier movimiento de protesta, aunque sea pacífico.

Hobbes y Kant decían que la comunicación hecha con la verdad es el principal medio para que los pueblos progresen. Si la comunicación se hace con la mentira, no hay avances, no hay forma de aprender. Por eso algunas sociedades conceden tanta importacia a la verdad. La mentira es considerada indigna.

La mentira y el engaño, ya lo hemos dicho, cuando son desenmascaradas tienen como consecuencia natural la desconfianza, que es la rotura y el distanciamiento en las relaciones de empatía. Esto tiene un precio, tanto en capital social, como en coste de restaurar esa confianza. Una vez que dejamos de confiar en alguien o algo, cuesta mucho recuperar esa confianza.

Hay que añadir controles, auditorías, verificaciones, burocracia ... Mucha gente vive de la desconfianza y ésta tiene un coste para la sociedad.

La hipocresía: qué mala prensa tiene. Hacer lo que censuramos, y censurar a los otros lo que desearíamos hacer. ¿Censuramos lo que nos conviene y nos gusta hacer para que otros no lo hagan, o para salvar las apariencias?

Una de las variantes de la hipocresía es el victimismo: el verdugo se disfraza de víctima, levanta el dedo contra quien es en realidad su víctima y le acusa de hacerle daño. Con eso gana aliados: la gente de bien suele ponerse del lado de la víctima.

Perverso.

Algunas reflexiones inquietantes:

- Todo buen manipulador sabe que la mentira es necesaria para vencer las resistencias psicológicas que nos impiden hacer daño deliberado a los demás.

- Sin embargo, la sinceridad absoluta ¿es contraproducente?

- Cierto grado de mentira ¿es necesaria para la convivencia pacífica?

Termino con algunas referencias:

Lo políticamente correcto

Más de lo políticamente correcto

El ejército silencioso de los eufemismos

El precio de la desconfianza

Mentimos 200 veces por día



martes, 2 de abril de 2013

El engaño

Engaño es cualquier apariencia falsa e intencional de algo.

El engaño existe en el reino animal y es una herramienta de supervivencia muy utilizada por muchas especies, que se camuflan adoptando los colores y las texturas del medio en que viven, hacen crecer "ojos" donde en realidad no existen (para hacer pensar a sus potenciales depredadores que les están viendo), adoptan posturas que les hacen parecer mayores o más peligrosos ... etc.



En resumen, el engaño consiste en llevar a otros a percepciones y conclusiones erróneas. 

Sin duda el engaño y el disfraz rinden, y por eso son tan frecuentes en el reino animal.

El problema del engaño es que afecta a las decisiones que tomamos. Por eso el engaño es un arma, y su víctima es la verdad, como muy bien resumió el general Sun Tzu:

"En la guerra, la primera víctima es la verdad"

Teniendo en cuenta que el lenguaje es una de las herramientas de comunicación más poderosas de la Naturaleza, tal es el poder de la mentira. La mentira es el engaño, usando el lenguaje como medio. Es el disfraz lógico del engaño

En la tradición judeocristiana, el diablo es el padre de la mentira. Por algo será.

El mal debe transvertirse de bien, de cosa buena y necesaria, para ser aceptado por la gente normal.

Asumamos las cosas como son: la confianza es parte necesaria de cualquier sociedad. No tenemos la capacidad ni el tiempo necesarios para averiguar por nuestra cuenta, entender, asimilar y decidir sobre todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas.

"En general los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver pero pocos comprenden lo que ven" (Maquiavelo)

El diablo está en los detalles, sobre todo, en los que no conocemos! 

La mentira, cuando es descubierta, destruye la confianza.

Por eso, la empatía con nuestros semejantes nos impide mentir y engañar para hacerles daño intencionadamente. Y, paralelamente, dado el elevado coste de la mentira, nuestro cerebro ha desarrollado muchos mecanismos psicológicos para detectar a los mentirosos. Por eso, una adecuada puesta en escena de la mentira y el engaño son fundamentales. Las cortinas de humo son tácticas que buscan anular nuestra capacidad natural para detectar el engaño.

Por eso también, para un sociópata, mentir convincentemente es mucho más fácil.

lunes, 1 de abril de 2013

La raíz del mal

Marc Hauser, en su trabajo “Mentes morales: cómo la naturaleza diseñó nuestro sentido universal de lo correcto y lo incorrecto”, realiza una serie de tests a indivíduos de procedencias diversas, tanto en lo cultural como en lo religioso, en los que se les plantean diversos dilemas de carácter moral y se les pide que indiquen cuál es la decisión que ellos consideran "moralmente correcta" de acuerdo a sus convicciones y cuán difícil es para ellos tomar esa decisión moral.

Una de sus conclusiones más sorprendentes es que, independientemente de la procedencia y la cultura, la gente suele dar las mismas respuestas a los dilemas morales planteados y experimentar el mismo grado de dificultad para tomar su decisión.

La conclusión de Hauser es que nuestro sentido moral es  una capacidad innata, no adquirida, una especie de "gramática universal" que compartimos todos (o la mayoría) de los seres humanos.

Uno de los puntos en los que hay más consenso es en el carácter reprobable de usar a las personas como medios para conseguir un fin o, al menos, hacerlo sin su conocimiento y su consentimiento.

Instrumentalizar al ser humano parece ser, pues, una de las raíces del mal.





Hay una famosa cita atribuida a Abraham Lincoln, que lo resume muy bien:

"Muy a menudo amamos las cosas y usamos a las personas, cuando deberíamos estar usando las cosas y amando a las personas."

¿Por qué usamos a las personas? Los motivos son los de siempre: poder, sexo, influencia, dinero ...etc. En definitiva, satisfacer nuestros deseos, confesados o no.

Volvemos, pues, a la capacidad de empatizar como "cemento" de la sociedad. Todos deseamos ciertas cosas con mayor o menor intensidad, pero podemos decidir renunciar a ellas, sustituirlas por otras, o tratar de conseguirlas de forma ética.

Quien no es capaz de empatizar y socializar adecuadamente, puede verse tentado de usar a las personas como instrumentos para conseguir esas cosas que desea y que de otra forma no conseguiría (o, al menos, cree que no sería capaz de conseguir).

Una vez que traspasamos esa línea roja, es difícil parar. En casi todo el mal hay, de alguna forma, una cosificación de las personas. "Cosificamos" al rival y lo reducimos a un objeto molesto. Cosificamos a nuestro objeto de deseo (perdemos la empatía con él) y lo reducimos a un objeto deseable.

Esto plantea algunas cuestiones inquietantes: Los dirigentes, los jerarcas, los jefes de una sociedad tienen que disponer y, de alguna forma, instrumentalizar a sus subordinados para conseguir unos fines.

Como se ha comentado más arriba, instrumentalizar a las personas, al menos sin su consentimiento, es una de las conductas más universalmente rechazadas.

En organizaciones demasiado orientadas a los objetivos y poco orientadas a las personas que forman los diferentes grupos de interés (empleados, pero también clientes, socios ... "stakeholders" en inglés) los indivíduos poco empáticos, los sociópatas, tienen un un caldo de cultivo excelente para prosperar.

Se les premia, y se les admira.

Cuánto mal causan estas organizaciones a las sociedades en las que se insertan...

Sobre organizaciones psicópatas hablaremos en un post más adelante.


Referencias:

Richard Dawkins "El Espejismo de Dios"

Moral objetiva

Moralidad universal

Mentes morales: entrevista Marc Hauser

Profesiones fetiches para un psicópata