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viernes, 15 de agosto de 2014

Despedida y cierre

La maldad es tan profunda e insondable como la mente, su límite es la creatividad humana, pero ya disponemos de claves útiles y algunos mecanismos de inmunidad hacia ella.

Este blog es una reacción de hastío ante una situación muy particular, como es la española. Los autores lo escribimos, simplemente, porque pensamos que tenemos algo que decir al respecto

Dentro de unos años, sabremos (o no), si realmente valió la pena el esfuerzo, y si nos reconocemos en lo que dijimos.

Los autores de este blog, finalmente, quieren dedicarse también a otras cosas!

Quien llegue por primera vez a este blog, puede empezar por la entrada "Recapitulando", continuar por la entrada "Recapitulando (II)" y terminar en la entrada "Recapitulando (y III)".
 
El lector asiduo de este blog habrá ganado, esperemos, una comprensión más profunda del fenómeno de la maldad humana, objeto de estudio de la ponerología

Es, quizá, un poco más sabio y un poco menos ingenuo. Algo así ha ocurrido también con los autores mientras lo escribían. 

Sin un conocimiento suficientemente detallado de la realidad, nunca entenderemos por qué ocurren ciertas cosas y no sabremos detectar a tiempo las señales que nos indican que algo no va bien, o peor aún, intentaremos medidas contraproducentes, como por ejemplo, la política de apaciguamiento del nazismo por parte de los países europeos. 

Como dijo Winston Churchill:

"Os han dado a elegir entre la indignidad y la guerra; habéis elegido la indignidad, pero tendréis también la guerra."

Para terminar, en un mundo amenazado por conflictos sin fin, e incluso una posible III Guerra Mundial, no podemos dejar de traer a colación la siguiente cita de Andrzej Lobaczewski:

“En la actualidad, incluso las armas más modernas y costosas que amenazan a la humanidad con una catástrofe global se vuelven obsoletas apenas son fabricadas.

¿Por qué?

Porque son armas para una guerra que nunca debe concretarse, y las naciones del mundo ruegan que jamás suceda.

La historia de la humanidad ha sido una historia bélica, lo cual la despoja de sentido a nuestra vista. Otra guerra de gran magnitud representaría el triunfo de la locura por sobre el deseo de vivir delas naciones.

Por consiguiente, es necesario que hagamos prevalecer la razón en la escala internacional, y la reafirmemos con los valores morales y la ciencia naturalista recientemente descubiertos en lo que concierne a las causas y la génesis del mal.

Esta “nueva arma” que aquí sugerimos no asesina a nadie, pero es capaz de detener el proceso de la génesis del mal dentro de una persona, y de activar su propio poder curativo. Si se brinda a las naciones conocimiento sobre la naturaleza patológica del mal, serán capaces de llevar a cabo acciones coordinadas basadas en criterios morales y naturalistas.

Este método nuevo de resolver problemas eternos será el arma más humanitaria que jamás se haya utilizado en la historia mundial, además de ser la única cuyo empleo es seguro y efectivo. También cabe la esperanza de que su uso ayude a detener siglos de guerras entre las naciones.

Que así sea.
 



Recapitulando (y III)

Este blog llega a su fin, y el lector interesado en ver los contenidos de forma estructurada, puede ir primero a la entrada titulada “Recapitulando y después a la entrada “Recapitulando (II)”. 

Presentamos a continuación los últimos contenidos, de forma estructurada. 


En estos dos últimos meses:

Discutimos la aparición y la evolución del pensamiento filosófico y religioso sobre el bien y el mal:

Comentamos algunos de los vicios y los comportamientos tóxicos humanos:

Profundizamos en algunos de los trastornos psicológicos generadores de mal y sufrimiento:

Profundizamos también un poco más en la personalidad psicopática:

Tratamos algunos de los cambios sociales más inquetantes:

Y tratamos las reacciones naturales, saludables, de una sociedad harta:

De nuevo, agradecemos a los lectores (habituales y casuales) su interés, y les animamos a bucear en las fuentes propuestas para cada uno de los temas tratados, y poder así extraer sus propias conclusiones.

Una visión a futuro: la logocracia

En su “Ponerología política”, Andrzej Lobaczewski aboga por el establecimiento de nuevas normas legales y modos de funcionamiento social y político más acordes con el conocimiento científico que hoy tenemos sobre el ser humano.

Decía la escritora y pionera del movimiento feminista español, Concepción Arenal, tras años de trabajo voluntario en cárceles de mujeres:

“Odia el delito y compadece al delincuente”

El enfoque de este blog es justamente señalar el pecado, no el pecador

A las tres formas de poder clásicas de Aristóteles (poder entendido como "capacidad de hacer que las cosas sucedan como uno quiere que sucedan"), hoy tenemos que añadir un cuarto tipo de poder, que es el conocimiento científico y tecnológico, el saber cómo son las cosas, cómo funcionan y cómo poder usar ese conocimiento (ya dijimos que la ciencia es un saber con voluntad de poder). 

Hoy tenemos una mejor cartografía de la maldad de la que ha tenido cualquiera de las generaciones anteriores, que muchas veces han debido improvisar teorías, explicaciones y normas para tratar de poner coto al mal, muchas veces sin demasiado éxito, o incluso con resultados contraproducentes

Un mayor conocimiento es un mayor poder, pero también una mayor responsabilidad en su uso. Este conocimiento puede usarse para oprimir y manipular, al igual que ya se hizo tantas veces en el pasado.


Estamos descubriendo la complejidad y los nuevos tipos de mal social. Necesitamos nuevos mitos para describir los nuevos desafíos de la humanidad: superpoblación, crisis ambiental, proliferación de armas de destrucción masiva, deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores de la población, crisis humanitarias…etc.


Lobaczewski llama “logocracia” a un sistema de gobierno donde las leyes y las normas sociales se basan en un conocimiento más profundo de la realidad humana. No son normas hechas para seres inventados, sino para seres humanos de carne y hueso.


En sus propias palabras:

“Se podría reemplazar lo que hoy denominamos “derecho penal” por otro tipo de ley con fundamentos completamente modernizados, y basada en la comprensión de la génesis del mal y de la personalidad de aquellos que lo provocan. Dichas leyes serían más humanitarias y, al mismo tiempo, protegerían a los individuos y a las sociedades de abusos inmerecidos. Por supuesto, su aplicación práctica sería mucho más compleja y dependería de una mejor comprensión causativa, en mayor grado de lo que podría esperarse de un sistema judicial punitivo. La tendencia a transformarse en esta dirección es evidente en la legislación de las naciones civilizadas. Para lograrlo, el sistema social aquí propuesto debería desvincularse más eficazmente de las tradiciones.

Ningún gobierno con un sistema basado en la comprensión de las leyes de la naturaleza, ya sea en cuanto a los fenómenos físicos y biológicos o a la naturaleza del hombre, puede reclamar “soberanía” según el significado que ha heredado este término desde el siglo XIX y de los posteriores sistemas nacionalistas o totalitarios. Compartimos el mismo aire y la misma agua en el planeta. Los valores culturales comunes y los criterios morales básicos están esparciéndose por toda la humanidad. El mundo se encuentra intercomunicado gracias a los medios de trasporte y de comunicación, y el comercio se ha convertido en “nuestro planeta” (sin exclusión de ningún país). 

En estas condiciones, la interdependencia y la cooperación con otras naciones e instituciones supranacionales, así como la responsabilidad moral de preservar el destino de toda la humanidad, se ha convertido en una ley de la naturaleza. Cada nación se vuelve autónoma, pero no independiente. Esto deberá ser regulado mediante tratados internacionales apropiados, e incorporados a cada constitución nacional.

Un sistema como el que estamos visualizando aquí sería superior a todos los anteriores, ya que se basaría en la comprensión de las leyes de la naturaleza que operan dentro de los individuos y de las sociedades, y contendría un conocimiento objetivo que reemplazaría progresivamente las opiniones basadas en las respuestas naturales a estos fenómenos. Deberíamos llamarlo “logocracia”.

Gracias a sus propiedades y su conformidad a las leyes de la naturaleza y de la evolución, los sistemas logocráticos podrían garantizar a largo plazo el orden social e internacional. Acordes con su naturaleza, se transformarían en sistemas cada vez más perfectos, si bien hoy es sólo una visión lejana y vaga que nos atrae.”


“Yo he sobrevivido a diversos peligros y me he sentido desilusionado con muchas personas e instituciones. No obstante, la providencia […] nuca me decepcionó, ni siquiera en las circunstancias más difíciles. Esto me basta para asegurar que será posible elaborar un bosquejo detallad de ese sistema mejor y tan necesario.

La inmunidad

La inmunidad o inmunización es un término médico para referirse al:

“estado de tener suficientes defensas biológicas para evitar la infección, enfermedad u otra invasión biológica no deseada”

En el sentido que queremos darle en este blog, inmunidad es la resistencia psicológica a los mecanismos de la ponerogénesis, al fenómeno por el cual surgen las organizaciones dañinas y las ideologías tóxicas.



Andrzej Lobaczewski aboga por la creación y la estimulación de estos mecanismos de defensa en la población como arma eficaz para protegerla del influjo pernicioso de personas e ideologías nocivas.

En sus propias palabras:

“Muchas enfermedades infecciosas le brindan inmunidad natural al organismo durante pocos o muchos años tras haberlas padecido. La medicina imita este mecanismo biológico al introducir vacunas que le otorgan al cuerpo la capacidad de inmunizarse sin necesidad de atravesar la enfermedad. Los psicoterapeutas intentan con una frecuencia cada vez mayor inmunizar la psique del paciente de diversos factores traumáticos que son muy difíciles de borrar de su vida. En la práctica, empleamos principalmente esta técnica con víctimas de la influencia destructiva de individuos caracteropáticos. Inmunizar a una persona contra los efectos destructivos de la personalidad de un psicópata resulta algo más complicado, pero representa una analogía muy cercana a la labor que debería llevarse a cabo en lo que respecta a las naciones que sucumben a la influencia del desvío psicológico provocado por la patocracia.

Las sociedades que han sido gobernadas por un sistema patocrático durante mucho tiempo desarrollan la inmunidad natural que acabo de describir, junto con la típica toma de distancia con respecto al fenómeno y con un humor sarcástico. Además del aumento del conocimiento práctico, deberíamos tener esto en cuenta cada vez que nos propongamos evaluar la situación política de un país determinado. También cabe resaltar que al hablar de inmunidad, nos referimos al fenómeno patológico en sí, y no a su ideología, lo cual explica por qué es tan efectiva contra cualquier fenómeno patocrático, sin importar la máscara ideológica que esté utilizando. La experiencia psicológica adquirida permite reconocer el mismo fenómeno de acuerdo con sus verdaderas propiedades, y tratar la ideología según su función real.

Cuando un individuo que ha sucumbido a la influencia destructiva delas condiciones de vida bajo el régimen patocrático se beneficia de un tratamiento psicoterapéutico adecuado, siempre logra una mejora significativa en su inmunización psicológica. Al hacer que un paciente tome consciencia de las cualidades patológicas de estas influencias, lo ayudamos a tomar una distancia crítica y a sentir cierta calma espiritual, dos ogros para los cuales la inmunización natural no habría sido suficiente. Es decir, no nos contentamos con implemente imitar la naturaleza, sino que en realidad logramos una calidad de inmunidad aún mejor que la innata, la cual es más efectiva para proteger al paciente de tensiones neuróticas y para reforzar sus habilidades  a la hora de lidiar con la vida práctica. El conocimiento de la esencia biológica del fenómeno le permite colocarse un paso adelante tanto del fenómeno como de aquellas personas que aún ignoran el asunto.

También se ha demostrado que esta clase de inmunización psicológica es más duradera. Mientras que la inmunidad natural perdura a lo largo de la vida de una generación dentro de la cual se ha gestado, la inmunización científicamente fundamentada puede ser transmitida por más tiempo. De modo similar, puede ser muy difícil transmitir esta combinación de defensas naturales y conocimiento práctico a naciones que no han vivido en una patocracia; pero el tipo de inmunidad que se basa en datos científicos puede ser transmitida a otras naciones sin la necesidad de realizar esfuerzos sobrehumanos.

Nos enfrentamos con dos metas relacionadas entre sí: en los países afectados por el fenómeno patocrático, deberíamos intentar transformar la inmunidad natural ya existente en  esa otra inmunidad de mejor calidad que acabo de describir. Eso los ayudaría a actuar con mayor facilidad y, a la vez, reduciría las tensiones psicológicas. Y cuando se trate de individuos y sociedades que presentan una inmunodeficiencia obvia y están amenazados por la expansión patocrática, deberíamos facilitar el desarrollo de la inmunidad artificial.

Esta inmunidad superior se alcanza fundamentalmente de manera espontánea, a raíz de la comprensión de los contenidos reales del fenómeno macrosocial.

Dicha toma de consciencia produce un periodo de turbulencia, y no faltarán las protestas, pero, afortunadamente, ese proceso de enfermedad sucedánea resulta pasajero. Rescatar la realidad naturalista que hasta ese momento quedó ocultada detrás de una máscara ideológica, es una ayuda efectiva y necesaria para los individuos y las sociedades. Poco tiempo más tarde, comenzará a protegerlos de la acción ponerogénica de los factores patológicos que se movilizan dentro del frente monolítico de la patocracia. Prescribir correctamente los métodos prácticos que pueden emplearse para proteger la propia higiene mental, facilitará y acelerará la creación de esta inmunidad psicológica tan importante, con resultados similares a los que obtenemos cuando aplicamos una vacuna.

Semejante inmunidad psicológica individual y colectiva, basada en una comprensión naturalistamente alcanzada de esa otra realidad, va acompañada de la sensación de poseer el conocimiento adecuado, lo cual da nacimiento a una nueva red de trabajo entre los seres humanos. Por tanto, alcanzar ese nivel de protección inmunológica  parece ser un requisito importante para obtener éxito en nuestros esfuerzos y acciones de naturaleza política con el fin de regresar a un gobierno en manos de personas normales. Sin esa toma de consciencia e inmunización, siempre será difícil lograr que los países libres y las naciones que se hallan bajo el régimen patocrático cooperen entre sí. Ninguna doctrina política basada en la imaginación natural de las personas  y carente tanto de la experiencia práctica como de una comprensión naturalista del fenómeno, puede garantizar que se formule un lenguaje común que facilite la comunicación.”

jueves, 14 de agosto de 2014

“Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate”

Con esta expresión italiana, que en español significa:

Los que aquí entráis, perded toda esperanza”

Recibe el infierno, en la Divina Comedia de Dante Alighieri, a los infelices que caen en él.


 
La frase es terrible.

No hay nada después de esto. No hay nada más que esto. No albergues falsas esperanzas. No hay más oportunidades. No hay más misericordia. No hay más perdón. Todo termina aquí.

La idea de un juicio final y un infierno es común a muchas religiones. Aunque la mayor parte de ellas pone las últimas consecuencias de nuestros actos en el más allá o en otras vidas, no cabe duda que la escatología muchas veces se da en esta vida.

El juicio final es lo que no tiene remedio, lo que tarde o temprano acabará pasando cuando enfrentemos las consecuencias de nuestras decisiones, el daño causado a los demás y a nosotros mismos, y las implicaciones de todo esto acaben volviéndose contra nosotros.

No importa lo cuidadosos que hayamos sido para evitar que nos descubran, para tratar de hacer responsables a los demás por lo que es responsabilidad nuestra. Si algo es posible, por remoto que sea, es sólo cuestión de tiempo que acabe ocurriendo.

Está en la naturaleza de la mente humana atar cabos y rellenar huecos, conocer la verdad (o tratar de conocerla) y discurrirla, es decir, convertirla en discurso lógico y coherente, que todos puedan entender.

Lo que parece inconexo, se acaba conectando y relacionando, e incorporado al relato lógico de la realidad. 

Por tanto, no se puede escapar indefinidamente del juicio de los demás sea éste justo o injusto. Lo que no se dice o se oculta, se interpreta y se sobrentiende

Añadamos a todo esto, que los seres humanos tendemos, por naturaleza, a magnificar los problemas, las amenazas y el comportamiento que percibimos dañino (precisamente, una de las funciones del sistema judicial es proteger al reo de la ira popular, la reacción desproporcionada y tratar de proporcionarle un juicio justo).

Dice un proverbio anglosajón que:

“puedes engañar a unos pocos todo el tiempo, o a muchos por poco tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo

Ciertas personas, situaciones y cosas dan miedo, pero luego, una vez alcanzan su inevitable decadencia, debilidad o terminación, causan hilaridad, se les pierde el respeto

Acaban siendo versiones grotescas y paródicas de lo que pretendieron ser.

Más allá de las dificultades cognitivas obvias de los psicópatas, una de sus limitaciones básicas es su incapacidad de experimentar los estados de creatividad aumentada, la inspiración y la euforia o bienestar, que la neurociencia moderna relaciona con la dopamina y unas estructuras cerebrales sanas, y que los antiguos describían como estados de plenitud espiritual, de paz interior, comunión con los demás y con la naturaleza, y trascendencia

Los psicópatas son, en el fondo, tarados mentales

Están sentenciados.

Sujetos a deseos y pulsiones incontenibles, incapaces de sentir entusiasmo, y por ello plúmbeos y saturninos,  eternamente inquietos e insatisfechos, aislados de una gente y una sociedad a la que no comprenden, envueltos en una ficción deformada y caricaturesca de las relaciones sociales humanas, su infierno son ellos mismos y su forma de ser. Y es un infierno del que no pueden (ni podrán) escapar jamás.

Héroes o psicópatas: el caso de Pericles

Ya comentamos en una entrada anterior que no resulta fácil distinguir al líder genuíno del falsificado.

El gobernador de Atenas, Pericles, es quizá una de las personalidades de la antigüedad clásica más estudiadas y controvertidas.

Al contrario de Cayo Verres, a quien ya dedicamos una entrada en este blog, y que representa al perfecto patócrata, Pericles es admirado y odiado a partes iguales.

Muchos historiadores aún se preguntan si se trató de un ser excepcional, un héroe, o un tirano psicópata capaz de llevar a su pueblo a la guerra y a la ruina para tratar de salvarse a sí mismo.

Quizá tuviese rasgos de personalidad compatibles con ambas cualidades.


Dotado de una mente lúcida, una oratoria excepcional, y una voz potente e imponente, subyugaba a la masa con sus discursos y arengas, algunos de los cuales (como su famoso discurso fúnebre) son modelo de retórica y sirven de patrón e inspiración aún para los políticos y líderes actuales.

La historia personal de Pericles está llena de altos y bajos. Procedente de una familia noble, intenta hacer carrera política desde joven, pero sufre el ostracismo por parte de Cimón, el líder de la facción conservadora, que gobierna Atenas con mano firme.

El asesinato de Efialtes en el año 461 a. C. prepara el camino para la vuelta de Pericles.  

Se convierte en un gran mecenas de la cultura. Ordena la ampliación de la Acrópolis y toda una serie de grandes obras que revolucionan la ciudad, en una época de gran (y breve) esplendor conocida como el Siglo de Pericles.

Todos estos dispendios vacían de recursos las arcas del tesoro de la ciudad, y pronto Pericles se ve en serios problemas.

Bajo su mandato, y probablemente instigadas por el propio Pericles, se desencadenan contra la coalición espartana las Guerras del Peloponeso, la segunda de las cuales tiene funestas consecuencias para Atenas y sus habitantes.

“Las causas de la Guerra del Peloponeso se han debatido en profundidad, aunque gran parte de los historiadores antiguos culpan de ella a Pericles y Atenas. Plutarco parece creer que Pericles y los atenienses incitaron a la guerra, luchando por imponer sus tácticas con una cierta arrogancia y un amor por la confrontación. Tucídides también apunta la misma idea, y aunque en general se le contempla como un admirador de Pericles, el historiador en este punto ha sido criticado por su parcialidad a favor de Esparta.

Valerio Máximo cita una curiosa anécdota según la cual un triste y meditabundo Pericles recibió la visita de su sobrino Alcibíades. Éste le preguntó qué le perturbaba, a lo que Pericles contestó que, habiéndole encargado a la ciudad edificar los Propíleos de la Acrópolis, había gastado tal cantidad de dinero que no sabía cómo rendir cuentas de su gestión. Entonces le dijo Alcibíades:

“Búscate, pues, un medio de no tener que rendirlas.”

Así pues, Pericles, colmado de honores pero eventualmente irresoluto, siguiendo el consejo de su joven y temerario sobrino, implicó a los atenienses en una guerra contra sus vecinos, de modo que no tuvieran ocasión de pedirle cuentas (431 a. C.).”

El propio Pericles muere durante uno de los asedios, víctima del tifus, en medio de una plaga de la enfermedad que diezmó la población de la ciudad y precipitó su rendición.

Desgraciadamente, muchos Pericles de hoy en día, ante la amenaza de sufrir la represalias por una mala gestión, siguen haciendo caso a consejeros sin escrúpulos que les insinúan:

 “Búscate una forma de no tener que rendir cuentas”

El hartazgo: cuando ya se han oído todas las explicaciones

En su obra de teatro “Pluto”, el comediógrafo griego Aristófanes, trata con humor el tema, bastante espinoso, de la injusticia distributiva.

Cremilo, un labrador pobre pero honrado, cansado de ver cómo el dios Pluto (dios de la riqueza) distribuye de forma aparentemente tan injusta los bienes materiales, premiando a los más deshonestos y ladrones, y olvidándose de los justos, pide ayuda a un oráculo

El oráculo le recomienda seguir al primer hombre que se encuentre, que resulta ser el propio dios Pluto, que se había quedado ciego por un castigo de Zeus.

“CREMILO.-Y la ceguera que padeces, ¿de dónde procede, di?

PLUTO.-Me la produjo Zeus, por odio a los hombres. Cuando yo era joven, le había amenazado con no tratarme más que con gentes justas, sabias y honradas; y me dejó ciego para que no las reconociese entre las demás: ¡tanto detesta a los hombres virtuosos!

CREMILO.-Pues la verdad es que sólo los hombres justos y virtuosos le reverencian.

PLUTO.-Estoy de acuerdo contigo.

CREMILO.-Pero dime: si recobrases la vista, ¿te apartarías de los malos?

PLUTO.-Seguramente.

CREMILO.-¿Y sólo te tratarías con los justos?

PLUTO.-Cierto; ¡hace tanto tiempo que no los he visto!

CREMILO.-No tiene nada de particular; yo tengo buenos ojos y tampoco los veo.

PLUTO.-Ahora dejadme; ya sabéis cuanto a mí se refiere.

CREMILO.-No, por Zeus; ahora te retendremos con mayor motivo.

PLUTO.-¿No os decía yo que no dejaríais de importunarme?

CREMILO.-Vamos, te lo suplico; déjate convencer y no me abandones. Por mucho que busques no encontrarás un hombre de costumbres más honestas que yo. No, por Zeus, no hay otro como yo.

PLUTO.-Es lo que dicen todos; pero en cuanto me poseen y se hacen ricos, su perversidad no tiene límites.

CREMILO.-Así es; aunque no todos los hombres son malos.

PLUTO.-Sí, por Zeus, todos sin excepción.”

Cremilo planea junto con varios amigos devolver la vista a Pluto con la ayuda del dios de la salud,  Asclepio, para que así pueda ver los méritos de cada uno y distribuir acordemente la riqueza

Están en esto cuando aparece la Pobreza, que los interpela y pretende convencerlos de que lo que intentan hacer es un disparate:

“LA POBREZA.-¡Oh, vosotros que osáis cometer una acción tan insensata, sacrílega e impía! ¿Qué intentáis, débiles y temerosos mortales? ¿Adónde huis? Deteneos.

BLEPSIDEMO.-¡Oh, Heracles!

LA POBREZA.-Yo os daré vuestro merecido, perversos. Osáis llevar a cabo un proyecto intolerable, un proyecto como nunca lo han intentado los hombres ni los dioses; estáis los dos bien perdidos.

CREMILO.-¿Y tú, quién eres? Muy pálida te veo...

BLEPSIDEMO.-Es quizá una Erinnia de tragedia; hay en su mirada algo trágico y feroz.

CREMILO.-Aunque sin antorchas.

BLEPSIDEMO.-Pues cuidado con ella.

LA POBREZA.-¿Quién pensáis que soy?

CREMILO.-Una posadera o una vendedora ambulante. De otro modo no te hubieras lanzado con tan destempladas voces sobre nosotros, que en nada te hemos ofendido.

LA POBREZA.-¿De veras? ¿Os parece pequeña ofensa intentar expulsarme de todo el país?

CREMILO.-Aún te quedaría el Báratro. Pero tendrías que habernos dicho inmediatamente quién eres.

LA POBREZA.-Soy la que os castigará hoy mismo por haber pretendido expulsarme de aquí.

BLEPSIDEMO.-¡Si será una tabernera vecina mía que siempre me engaña en la medida!

LA POBREZA.-Yo soy la Pobreza, que vivo con vosotros hace muchos años.

BLEPSIDEMO.-¡ Soberano Apolo! ¡Dioses inmortales! ¿Adónde escapar?

CREMILO.-¿Adónde vas, cobarde? Quieto y quédate aquí a mi lado.

BLEPSIDEMMO.-Por nada del mundo.

CREMILO.-¿Que no te quedas? ¿Y dos hombres hemos de huir de una sola mujer?

BLEPSIDEMO.-¿Pero no has oído que es la Pobreza, desgraciado? No hay en parte alguna animal más funesto.

CREMILO.-Quédate, por favor, quédate.

BLEPSIDEMO.-No y no, por Zeus.

CREMILO.-Pero, hombre, comprende que cometeremos el más vil de los crímenes si dejamos solo al dios y huimos por temor a ésta y sin luchar paso a paso.

BLEPSIDEMO.-¿Con qué armas y con qué potencias? ¿Hay coraza o escudo que no haya llevado a empeñar esa maldita?

CREMILO.-Tranquilízate porque el dios se bastará por sí solo a lograr la victoria sobre los manejos de esta mujer.

LA POBREZA.-¿Aún os atrevéis a murmurar, miserables, después de haberos sorprendido a punto de cometer esas iniquidades?

CREMILO.-Y tú, criatura de desgracia, ¿por qué vienes a injuriarnos sin que te hayamos causado el menor daño?

LA POBREZA.-¿Creéis, pues, por los dioses, que no me perjudicáis tratando de devolverle la vista a Pluto?

CREMILO.-¿Qué daño podemos causarte con ello? Lo que intentamos es procurarles el bienestar a todos los hombres.

LA POBREZA.-¿Y qué bienestar podríais encontrar vosotros?

CREMILO.-Por de pronto expulsarte de la Hélade.

LA POBREZA.-¿Expulsarme? ¿Pudierais hacer un mal mayor a los hombres?

CREMILO.-¿Un mal mayor? Sí, olvidarnos de hacer lo que te decimos.

LA POBREZA.-Pues bien; consiento en explicaros las razones que sobre el particular me asisten; os demostraré que soy la causa única de todos vuestros bienes y el único sostén de vuestra vida; si no consigo probároslo, podréis hacer lo que os plazca.

CREMILO.-¿Cómo te atreves a hablar así, maldita?

LA POBREZA.-Deja que me explique. Pienso probarte muy fácilmente que te equivocas totalmente cuando tratas de enriquecer a los hombres justos.

CREMILO.-¿Para cuándo se guardarán las vergas y los garrotes?

LA POBREZA.-No chilles Pi te indignes antes de escucharme?

CREMILO.-¿Quién puede callar al decir semejantes desatinos?

LA POBREZA.-Todo el que esté en su sano juicio.

CREMILO.-¿Qué canción podré requerir contra ti en el acta de acusación si pierdes el proceso?

LA POBREZA.-La que tú quieras.

CREMILO.-Está bien.

LA POBREZA.-En cambio, vosotros, si sois los vencidos, quedaréis sujetos a las mismas condiciones.

BLEPSIDEMO.-¿Crees que bastarán veinte muertes?

CREMILO.-Para ella, sí; para nosotros bastará con dos.

LA POBREZA.-Vuestra perdición es inevitable porque no podréis oponerme ningún argumento válido.

EL CORIFEO.-¡Vamos! Ya va siendo hora de que deis algún razonamiento hábil que os haga ganar la partida contra esta mujer, en vuestros discursos contradictorios; y no andéis descuidados.

CREMILO.-Es para mí claro y justo que todos los hombres de bien deben vivir prósperamente y que los impíos y malvados sufran la suerte contraria. Anhelando ver cumplido nuestro propósito, hemos hallado, por fin, un bello, generoso y utilísimo modo de realizarlo. En efecto, si Pluto recobra la vista y deja de caminar a tientas, se dirigirá a las personas honradas para no abandonarlas nunca, huyendo siempre de los impíos y malvados. Ahora bien, ¿qué se conseguirá con esto? Se conseguirá que todos los hombres sean buenos, ricos y piadosos. ¿Creéis que pueda encontrarse nada mejor?

BLEPSIDEMO.-Nada; aquí estoy yo para atestiguarlo; no se lo preguntes a ésta.

CREMILO.-Estando arreglada de esta suerte la humana vida, ¿quién no creerá que todo es locura, o más bien frenesí? Los más de los hombres, que son los perversos, nadan en las riquezas injustamente acumuladas, mientras muchos otros de intachable honradez arrastran una vida llena de privaciones y miserias, sin tener en todo el decurso de su existencia más compañera que tú. Por tanto, si Pluto recobra la vista y abandona este camino, ¿quién duda que podrá seguir otro infinitamente mejor para los hombres?

LA POBREZA.-¡Oh, ancianos! Veo que os dejáis alucinar como nadie en el mundo y deliráis y extravagáis al unísono con pasmosa unanimidad. Pero yo os aseguro que, si vuestros deseos se realizan, ningún provecho sacaréis. Porque si Pluto recobra la vista y distribuye sus favores con equidad, nadie querrá dedicarse a las artes ni a las ciencias. Y una vez suprimidas estas dos condiciones de existencia ¿habrá quien quiera forjar el hierro, construir naves, coser vestidos, hacer ruedas, cortar cueros, fabricar ladrillos, lavar; curtir, arar los campos, cosechar los dones de Deméter, pudiendo todos vivir en la holganza y desdeñar el trabajo?

CREMILO.-¡Necedades! Todos esos oficios los realizarán los esclavos.

LA POBREZA.-¿Y cómo tendrás esclavos? ¿Dónde irás entonces a buscar esos esclavos?

CREMILO.-Los compraremos con dinero, es evidente.

LA POBREZA.-¿Y quiénes serán los que los vendan si todos tienen dinero?

CREMILO.-Cualquier comerciante codicioso a su vuelta de Tesalia, país de insaciables mercaderes de esclavos.

LA POBREZA.-Es que, según tu propio sistema, no habrá ningún mercader de esclavos. ¿Qué hombre arriesgará su vida en semejante tráfico? Por consiguiente, viéndote obligado a cavar la tierra y a otros trabajos igualmente rudos, llevarás una vida mucho más penosa.

CREMILO.-¡Que esas predicciones recaigan sobre tu cabeza!

LA POBREZA.-No podrás dormir sobre una cama, porque no las habrá; ni sobre tapices, porque ¿quién querrá tejerlos si le sobra el dinero? Cuando te cases con una hermosa joven, no tendrás ni esencias para perfumarla, ni trajes ricos en colores y bordados con que vestirla. ¿De qué servirá, pues, la riqueza, careciendo de todas estas cosas? Por el contrario, gracias a mí, tenéis a mano cuanto os hace falta. Yo soy una adusta señora que con el temor de la indigencia y del hambre obligo al obrero a ganarse la vida.

CREMILO.-Qué cosa buena puedes darnos tú, como no sean quemaduras en los baños, y turbas de chiquillos y viejecitas hambrientas, y nubes infinitas de pulgas y piojos, que pululando sobre nuestra cabeza, nos despiertan gritando: «Tendrás hambre, pero levántate.» Y además, por vestidos unos jirones; por lecho, un jergón de junco plagado de chinches, enemigas del sueño; por colcha, una estera podrida; por almohada, una piedra grande; por pan, raíces de malvas; por pasteles, hojas de rábanos secos; por escabel, la tapa de una tinaja rota; por artesa, las costillas de una cuba, y aún rajada. ¿No quedan perfectamente enumerados los bienes que proporcionas a los hombres?

LA POBREZA.-Lo que acabas de describir no es mi vida, sino la de los mendigos.

CREMILO.-¿No se dice, según creo, que la pobreza y la mendicidad son hermanas carnales?

LA POBREZA.-Para vosotros, que tenéis por iguales a Dionisio y Trasíbulo; pero mi vida no es ni será nunca así. La vida del mendigo que acabas de pintar consiste en vivir sin poseer nada; la del pobre, en vivir con economía, en trabajar, en no tener nada superfluo ni carecer de lo necesario.

CREMILO.-¿Bienaventurada vida, por Deméter, esa de que nos hablas! ¡Economizar y trabajar sin descanso para no dejar a nuestra muerte ni con qué pagar el entierro¡

LA POBREZA.-Te ríes y te burlas en lugar de hablar formalmente, sin comprender que yo perfecciono el espíritu y el cuerpo de los hombres mucho más que Pluto. Con él son gotosos, ventrudos, pesados, insolentemente adiposos; conmigo, delgados, esbeltos como avispas, terror de sus enemigos.

CREMILO.-¿Es quizá a fuerza de hambre como les das esa esbeltez?

LA POBREZA.-Pero os hablaré también de la templanza, y os demostraré que la honestidad vive conmigo, mientras que con Pluto vive la insolencia.

CREMILO.-Debe ser, pues, muy honesto hurtar y horadar paredes.

BLEPSIDEMO.-Sí, por Zeus, porque esas cosas se hacen a escondidas. ¡Qué mayor honestidad!

LA POBREZA.-Fíjate en lo que ocurre con los oradores; mientras son pobres, son justos con la ciudad y el pueblo; pero en cuanto se enriquecen a costa del Estado, se vuelven injustos, venden a la multitud y conspiran contra el Gobierno democrático.

CREMILO.-Aunque de naturaleza maldiciente, lo que ahora dices es cierto; pero no te ensoberbezcas por eso, que te has de arrepentir del temerario arrojo con que pretendes persuadirnos de que la pobreza es mejor que la riqueza.

LA POBREZA.,-Como no puedes refutar mis argumentos te alborotas y dices necedades.

CREMILO.-¿Por qué, pues, huye de ti todo el mundo?

LA POBREZA.-Porque mejoro sus costumbres. Más claramente vemos lo mismo en los muchachos: huyen de sus padres que sólo anhelan su dicha. ¡Tan difícil es distinguir lo que es justo!

CREMILO.-Dirás también que Zeus no sabe distinguir lo que es bueno, porque tiene riquezas.

BLEPSIDEMO.-Y es a ésta a la que nos envía.

LA POBREZA.-¿Qué telarañas tenéis en los ojos, carcamales del siglo de Cronos! Zeus también es pobre, y voy a probároslo. Si fuese rico, ¿cómo en los juegos Olímpicos por él establecidos, al reunir cada cinco años a toda la Hélade había de contentarse con dar a los vencedores una sencilla corona de olivo? Si fuese rico se las daría de oro.

CREMILO.-Lo que prueba es la grande estimación en que tiene las riquezas. Por economía, por evitar gastos, regala a los vencedores coronas de ningún valor, y se guarda las riquezas.

LA POBREZA.-Mil veces más vergonzosa que la pobreza es esa avaricia sórdida e insaciable que le supones.

CREMILO.-¡Que Zeus te confunda, después de coronarte con esa corona de olivo silvestre!

LA POBREZA.-¡Atreverse a discutirme que todos vuestros bienes no son obra de la pobreza!”

Crémilo, harto de la discusión y sin ningunas ganas de volver a su antigua situación de pobreza honrada, zanja la cuestión con una frase célebre:

“CREMILO.-Preguntemos a Hécate qué es mejor: ser rico o indigente. Por orden suya, todos los que viven con desahogo ofrecen mensualmente una comida, y los pobres se la arrebatan antes de haberla servido. Así, vete al infierno y cierra la boca, porque no me convencerás, aunque me hayas convencido.”

Es decir, hace una enmienda a la totalidad:

ya he oído todas las explicaciones que tenía que oír: no me convencen ni quiero que me convenzan”.


La obra prosigue con un Pluto que recupera la vista, y el consiguiente desfile de personajes deshonestos, que han sido puestos en su sitio y ahora se lamentan incrédulos por el giro, inesperado e inexplicable, que ha dado su destino, al estilo de “La hora de todos o Fortuna con seso” de Francisco de Quevedo.